Otra noche más para existir

Las 3 de la Madrugada, una noche más, extraña de por sí pero grata y yo mientras escribo esto, con el calor que hace últimamente, estoy desnudo desde la cintura hasta el cuello; un pantalón corto y nada más, ¿A dónde dejé las casacas gruesas para el invierno?, bajó un poco la temperatura, se siente cálido, suave.

La noche es como la vida de campo, es un momento de mucha tranquilidad y silencio, me está gustando, últimamente me agrada trasnochar, casi duermo mis ocho horas completas (o siete) pero obviamente despertando un poco más tarde, porque es interesante apreciar la quietud que acompaña a estos momentos y aprovecharlos, subo al segundo piso de mi casa y aunque por la iluminación de la ciudad no puedo ver ninguna estrella arriba (¡Las echo de menos!) siento la calma del ambiente que me envuelve y poco a poco me vuelvo parte de él, muy diferente a las horas en donde está el sol irradiando; es curioso porque la maquina de la vida nunca se detiene, de seguro al otro lado del mundo las personas despiertas se duchan, trabajan, estudian, se ríen, discuten, lloran, enferman y sanan.

Y no olvido lo que la ciencia enseña, al dormir nuestro cerebro sigue activo, nuestro organismo sigue funcionando, el corazón palpita sin parar, los pulmones no dejan de respirar, se renuevan los tejidos, se alimentan los órganos internos, pero todo sucede en nuestro interior porque de cierta forma por fuera sencillamente dejamos de existir.

Ahora elegí por el día de hoy existir también de noche, aprovechar una vez más de esas horas que normalmente dejan de ser nuestras, y es que no tengo nada aparentemente importante de que hablar o pensar más que de este sentimiento, de este momento, y es muy gratificante lo repito, además es una de las claves del por qué en oriente enseñan a meditar, porque ayuda al ser en general, mental y físico, acompañar a la noche es como meditar.

Estamos todos tan acostumbrados desde adolescentes a pensar en mil cosas a la vez durante cada minuto del día pero en la noche al igual que cuando meditamos sólo podemos pensar en algo específico, ya sea un amor, un olvido, una pérdida, un desafío, un sueño, o un momento, y este momento hoy es sólo para mi, quizás después otro momento similar pueda compartirlo con alguien más, pero hoy me ha tocado existir de noche y cuando existimos, todo puede suceder, incluso renacer.

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